La razón
pidiendo auxilio en la estacada.
Su sombra
escondida tras miradas tristes y desoladas..
La fortuna rehuyendo a dos pobres mendigos.
La paciencia
de un amor fugaz, hundido en el olvido.
El tiempo
pasaba despacio entre sus brazos.
Las nubes pintaban el cielo de amaneceres cálidos
y tan claros..
Las flores germinaban
en la soledad de verdes prados.
Y los gatos
cansados, maullaban canciones en la cima de los tejados.
Y es que
fue… esa sonrisa que no decía nada claro.
Ritmos líricos, vacíos escondidos en compases cerrados.
El tiempo
que discurría volando hacia otros besos.
Siluetas
ajadas de luz, costumbres y sueños…
Solo besos hundiéndose en lo más hondo de mi
vaso.
Gaviotas buscando un cobijo, para mantenerse a salvo.
Versos
inacabados que ofrecían tanto y tan poco…
Cartas de amor vacías, sin palabras, destino,
ni pecado.
El camino
bloqueado, sin posibilidad de salida.
Brotes de
esperanza en cada vena, que se dio por perdida.
Un manantial
seco… sin luz, ni reflejo.
Un otoño
eterno, aguardando a este tétrico árbol viejo.
Pues fue ese todo y ese nada que sigue
latiendo.
Ese arduo futuro
cerrado, y ese gélido pasado abierto.
Y yo… un
desamparado banco vacío con un espacio en mi asiento.
Este melancólico
poema dolido, que esta noche se va con el viento.

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