Anochece un nuevo día... sintiendo el punzante frio del invierno envolviendo su piel, desgastada y sucia.Bajo el tétrico manto de la noche estrellada, caminó otra vez por esta ciudad muerta y apagada, conociendo cada calle, cada edificio, cada rincón… donde pasó la época más feliz de su existencia, sin preocupaciones y con esos ojos… que permanecían encendidos, ajenos al reflejo de la pena.
Pero ahora vaga solo, en busca de un cobijo donde pasar la noche seguro, y aplacar el miedo a la soledad en la que se encuentra, cogido de la mano de ese peligro constante e inevitable, debido a la impotencia de ese triste muerto de hambre… que supone su persona.Y aunque pese, bajo sus pies solo encontró, la sencilla compañía de su sombra que pese a todo, ha permanecido siempre a su lado. Sujetando una botella de vino vacía, reflejada en la parpadeante luz de una farola.
La vida… alegre para algunos, desdichada para otros… despeinó su sonrisa, con cada soplo de polvo que brindó, empujándole una y otra vez contra un charco de barro, el que tras atraparle en su superficie, hizo imposible el salir de allí, permaneciendo inmóvil en su levadiza tierra que le acerca lentamente hacia un futuro oscuro y lúgubre, como pinta el paisaje hoy en día.Lo perdió todo, incluso la cabeza, y por desgracia el tiempo no es una marioneta la cual podemos manejar a nuestro antojo… ya no hay vuelta atrás. Y sin más remedio toca asumir que aunque siga caminando por esta decepcionante realidad, en su interior ya fue enterrado… bajo los escombros de su vida.
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