Permitió que volaran una a una sus secas hojas, desojadas por un invierno oscuro y tétrico, envuelto de tormentas y destellos fugaces.. que paso a paso sellarían su sombra, apartándola del ruido, envolvente de la noche.
Pero aunque la eterna y nefasta lluvia acabara consumiéndolo en la mas dulce pena, quedaron sus secas raíces ancladas, esperando ese soplo de esperanza que le impulsara a vivir y no quedar sepultado bajo un mar de recuerdos muertos.

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